Las previsiones de crecimiento para China en 2022 no paran de caer.

Aunque los problemas con el suministro eléctrico se están resolviendo, la caída del sector inmobiliario está congelando la actividad económica del país, que podría caer a los mínimos registrados en 1990, un precio que el presidente Xi Jinping parece estar dispuesto a pagar para reducir su dependencia del sector inmobiliario. China quiere pasar de una economía intensiva en construcción a una tecnológica. El cambio no es sencillo, puesto que ni el capital ni el trabajo es intercambiable.

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